Hace cuatro años creamos en la Fundación el Grupo de Buena Vejez, para dedicar tiempo a las familias que se enfrentan al proceso de envejecimiento de sus seres queridos. En el caso de las personas con síndrome de Down, el proceso de envejecimiento sucede de manera más acelerada que en el resto de la población, lo que conlleva un reto para las familias cuidadoras. Además, la tasa de aparición de Alzheimer en la población con discapacidad intelectual o del desarrollo es muy superior al resto de la población, lo que implica un mayor apoyo por parte de los y las cuidadoras.

A día de hoy también tenemos que tener en cuenta que la esperanza de vida de las personas con discapacidad intelectual ha aumentado a causa del desarrollo de sus cuidados; no sólo llegan a edades adultas, sino que su esperanza de vida se estima ya por encima de los 60 años. Este contexto nos lleva a replantearnos una mayor atención a los adultos con discapacidad intelectual, ya que tienen aún más riesgos de padecer enfermedades crónicas. Ante esta serie de dificultades, nos preguntamos en la Fundación: ¿cómo pueden afrontar las familias este proceso con mayor serenidad?

Para dar respuesta a esta pregunta creamos el Grupo de Buena Vejez, una herramienta para compartir tiempo entre los profesionales de la Fundación y las familias, con el único propósito de afrontar juntas el duelo que supone la vejez temprana. Hace cuarenta años, en los inicios de la Fundación, las personas que ingresaron a la Fundación eran jóvenes; hoy estas personas tienen alrededor de 60 años y requieren de un apoyo especial durante su última etapa de vida. Y para que esta etapa sea lo más agradable posible para ellas, es importante que las familias se preparen psicológicamente; para ello está el Grupo de Buena Vejez, para cuidar también al cuidador. En palabras de Raquel Muñiz-Alique, psicóloga de la Fundación: “cuanto mejor esté el cuidador, mejor estará la persona cuidada”.